viernes, 22 de febrero de 2013

METEMPSICOSIS, ensayo poético: Metamorfosis


  
Metempsicosis

(Ensayo poético: Metamorfósis)


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   861
     P658    Pinzón Martínez, Moisés
                 Metempsicosis : metamorfosis / Moisés Pinzón Martínez. --
                 Panamá : [s.n.], 2013.
                  72p. ; 21 cm.

                  ISBN 978-9962-05-429-0
          
                 1.      POESÍA PANAMEÑA
                 2.      LITERATURA PANAMEÑA – POESÍA  I. Título.
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INDICE
Metempsicosis
(Ensayo poético: Metamorfósis)

  
Introducción: El universo infinito...........................................

I.-  Tenacidad----------------------------------------------1

 II.- En busca del firmamento----------------------------------9

III.- Metamorfosis----------------------------------------- 43



Introducción: EL UNIVERSO INFINITO

El universo puso a disposición de nosotros su alma y la más amplia gama de elementos para crear un sistema complejo e integral, en un minúsculo punto de su inmensa geografía. La Tierra, y los posibles homólogos desconocidos, es el más imbricado conjunto de fenómenos creados por la naturaleza. En el “sin tiempo”, este ensayo ha sido o es el intento número cinco, o el diez, o el cien mil. Seguramente algunos han tenido o tienen el mismo éxito o mayor que el nuestro; y probablemente algunos, o todos, en su fase final de entendimiento, se destruyeron porque sus grupos inteligentes no encontraron el equilibrio o porque les aterrizó impronto un cometa sin que hubieran colonizado el espacio aún.
            En un lapso imperceptible, la raza humana ha dado categoría al experimento “sistema solar”. En ese tiempo vemos dos grandes fases: La del equilibrio natural y la de la búsqueda del equilibrio social. La primera fase se refiere a las leyes que determinan los eventos, como un gran laboratorio sin científicos; en donde los acontecimientos son causales, dependiendo del tiempo de incidencia y de la acumulación de factores.
            Cual meteorito que violentamente se estrella en un ecosistema y lo transforma radicalmente, el ser humano, al aprender el arte de la agricultura, drásticamente va cambiando y transformando las reglas a su manera y su necesidad. Surge un nuevo factor, que son las “leyes sociales”, que activan un nuevo proceso de ajustes estructurales en busca de un equilibrio social; en confrontación con sus propios gestores, y entre estas leyes y las leyes naturales. Siendo ésta la segunda fase.
            La infinitud del tiempo puede ser digerida, pero la del espacio no. Esta última se ha convertido en el único enigma que, según las tesis de Santo Tomás de Aquino, dan pie a la comprobación de la existencia de Dios.
            Porque exista o porque no, la creencia en Él ha sido determinante en la cohesión de los grupos humanos; por lo que hoy vamos descubriendo los más escondidos misterios de la existencia. Pero las concepciones y las prácticas religiosas necesariamente tienen que transformarse como ha ocurrido en todas las épocas.
            Dios es la naturaleza en equilibrio y la búsqueda del equilibrio es la búsqueda de Dios. Las iglesias que no reorienten sus métodos, conducta militante y adecuen sus planteamientos, desaparecerán. En los libros Sagrados de las principales religiones del mundo hay suficiente material para justificar este entendimiento; si es que no se están refiriendo a ello y no lo hemos percatado.




I.- TENACIDAD

1

He vivido cuatrocientos treinta años
satisfecho de todos mis desaciertos;
nunca fue al revés,
una tras otra levanté
las banderas derrotadas.

Hace tan solo cien años,
cual Arcángel San Miguel,
sostuve feroz combate,
cuerpo a espíritu,
con el intolerante Lucifer.

Llegó después de una tarde
llena de victorias
con resbalosas frases:
-Tú has sido el gestor,
tú eres el que  ha sacrificado,
ellos no hicieron.
 ¡Nunca nadie te ayudó!-
Indisponiendo a todo aquel
que me brindó sudor.

Meses pasaron,
envuelto en la turbulencia abstracta,
ensangrentadas las palabras,
frente al cadalso de la iniquidad,
agónico,
la sapiencia recorre desesperada
las neuronas por los años dormidas
en busca del recurso preciso que detenga
la descomposición de los desparramados sesos;
del punto y coma que interrumpa
la lluvia de adjetivos maldicientes;
del verbo seguro que sepulte
al depredador hambriento.

En defensa de la esperanza
presto despierta la memoria
que administra los tiempos
y desenvainan la húmeda espada:
Flexible reptil,  venenosa escorpión,
bondadosa como árboles,
fulminante  descarga eléctrica,
rápida con el pensamiento,
arma secreta que dispara
decenas de palabras por minuto.
  
La sapiencia extrañada, pregunta:
-¿Qué haré con este músculo
que es todo, de todos  y nada a la vez?
¡Ha estado escondido tras los labios cerrados!-

Advierto el mensaje:
Abstraído en la soledad,
ensimismado en mis pensamientos,
sin compararlos, sin confrontarlos,
jamás  derrotaré al rey de las tinieblas.

Y me confieso ante gente extraña,
en busca de nuevas comprensiones, de otros andares;
de la visión hiriente que remueva dogmas.
Uñas que se incrustan en la carne
desgarrando células muertas,
parásitos extraños;
agua oxigenada  que “efervesce” la llaga expuesta,
costra que cicatriza y surge una nueva piel…
Purificada.
  
Desde entonces,
me confieso todos los días;
desde entonces,
no dejo solos mis pensamientos,
hago que fluyan para que los reciban
oídos habidos de ser raíces.
Los doy, los regalo, los presto,
para que alimenten la maduración del presente
y las expectativas del futuro.

Los abono con  tierra añeja mezclada por siglos,
fertiliza argumentos, siembra esperanzas.
Los riego con las aguas que brotan
de las ancestrales rocas,
para que florezca en tierras áridas
la sabiduría que sepulte
hipócritas sentimientos de falsas fortalezas.
Que prospere el camino de la verdad,
cosechando ideas renovadas.

Y desde entonces,
no ha vuelto a aparecer
la tenebrosa sombra.

2

Por cada día han sido diez,
los minutos en su andar intenso
se han multiplicado.

Cuando cumplí cuatrocientos años
sentí la necesidad de comunicarme con el mundo:
Les confieso este imbricado conjunto de conceptos,
hilvanados en fugas “bachianas”,
que danzan en silencio
con música de sueños.
Tratan de caudalosos ríos
que bajan de remotas montañas;
nexos que se bifurcan
y se vuelven a encontrar;
visión concatenada
que dilucidan los recodos,
en busca del incógnito trayecto...
Y la penitencia espero.

3

Para cambiarnos las cutarras
gastadas en tortuosos caminos,
empuñando firmes los machetes,
en busca de escondidos manantiales;
para dibujar una ruta a través
de contaminados ríos
donde navegamos, pescamos,
bebemos;
para despojarnos de trajes
que tergiversan palabras, razones,
sueños;
para dormir con la paz
del que ha puesto su huella
en inhóspitos rastrojos;
hace falta el hervor,
el deseo de abonar las semillas,
que aflore la nostalgia
de ver sus frutos madurar.
  
Que circule la piedad
que provoca la visión del llanto
de infantiles cuerpos disecados
que crecen con las puertas
hacia el horizonte
trancadas.

Hace falta mirar la sonrisa de un niño
a través de la gota que separa los colores
de gases perpetuos;
que se imponga el acertado argumento,
que la razón desplace
los designios del instinto.


II.- EN BUSCA DEL FIRMAMENTO

1

Si volvemos la mirada
veremos salvajes tiempos.

Primero a caminar aprendimos;
después, en pedernal, flechas, hachas,
convertimos nuestras garras.

Logramos que el músculo, que el sabor induce,
pudiera moverse con la velocidad del pensamiento:
forjando palabras, esculpiendo conceptos,
alimentando sueños.

2

Del fuego provocado por el segundo luminoso
que destella en los cielos,
del inexplicable asombro,
surgen los primeros sacerdotes
y el primer dios;
experiencia trascendental
que  la realidad interpretan.

 3

Mujeres y hombres
ambulando en desorden
tras los frutos silvestres y las presas;
tras el humo de los incendios,
para capturar a la diosa ardiente
y llevarla, nómadas, en  forma de tizón.

4

De los árboles a las praderas
millones de veces le dimos la vuelta al sol.
Los días transcurrieron sin fecha,
las noches siempre fueron iguales.

Tiempo natural
donde la necesidad de existir,
acontecimientos casuales,
determinaron los hechos.

 5

Ahí hay una oquedad
cálida, segura.
¡Aleluya!
Un aguacero infinito.
¡Aleluya!
La diosa del agua no se traga
el calor que la leña consume.

6

La Luna ya no es la misma,
regresa para decirnos
lo que debemos hacer.

Y desde entonces,
no paramos de hacer preguntas;
 a partir de aquel tiempo
nos erguimos con la fe
y la esperanza por delante;
desde ese instante,
no cesamos de ser respuestas.

 7

Dando forma a los elementos,
fuimos de las praderas a las cavernas.
Cientos de miles de otoños pasaron.
Comunidades gentilicias
moldeando caracteres de piedra,
tallando tradiciones de madera.

8

Señalando el rumbo de lo humano,
las normas
que transfieren los genes
abren el camino
a las normas
que transfieren la experiencia.

9

Éramos conglomerados en expansión,
delimitando  espacios vitales.
La liquidación del espíritu
no era opción,
esporádicos conflictos entre gruñidos,
amagos y leves heridas.

10

-Aquí estuve yo-
Colocamos sellos
sobre  lienzos de piedra,
hace cuarenta mil inviernos,
para trascender;
pinturas rupestres
que lucen en la historia.

11

Hechos, tareas, roles determinados,
incomprendida realidad,
casualidad enigmática,
en todas las épocas
enmascaradas.

12

La mujer era el centro de la creación,
de sus ovarios Dios hizo al hombre;
parían, uno tras otro,
hijos sin apellido.

Señalaron los caminos
de la chozas y los cultivos;
eran acción de síntesis,
las sacerdotisas de la tradición,
las guardianas de la flama.
Imitan y comparten el arte de lo nuevo;
transportan ensayos y errores;
eran parte esencial del equilibrio.

13

La comunidad eran los maestros.
De boca en boca fluyó el recuerdo,
de mano en mano se fundó el porvenir.
La comunidad eran las madres,
la comunidad eran los padres;
crecieron fluyendo y fundando
y crecemos fundando y fluyendo,
paradoja elemental de la existencia.

14

Vivíamos en un estado divino,
la razón natural de las reglas
y fuimos Paraíso.
Los dioses existían
en un escenario armónico.

15

Para salir de las cuevas a las praderas
gateamos decenas de milenios,
entre gens, clanes y tribus.
Rompimos  canteras,
amurallándonos.

 16

Llega el tiempo artificial
donde la diosa Invidia
los cambios determina.

Extraña a la tierra,
de la mano germinan los campos;
se construyeron depósitos
para guardar sus beneficios.
Circunstancia nueva
que aparecen en la naturaleza
y la metamorfosis causa.

Comimos los  frutos prohibidos,
cosechados.
-¡Podemos poner otras manos
para alimentar el ocio!- Pensaron algunos,
y nació Hefestos fundido en bronce;
no del coito de Zeus con Hera
sino  de Pacha Mama con Vulcano.

Poseídos por la dualidad contradictoria
dejamos entrar al Demonio,
ahora somos fuerzas en conflicto.
El ying y el yang,
Caín y Abel,
son la nueva acción creadora:
artificial, social,
extrañamente natural.
El cielo y el infierno en pugna,
dentro de nosotros.

17

La diosa Usura liquida la armonía, viaja en galeras
fustigando mortales para que remen.
Impone la guerra por la hegemonía celestial.

Nos volvimos ansiosos por llenar  los estómagos
con restos de huesos quebrantados;
bañarnos con sudor del prójimo,
abonar la tierra con sangre,
poseer la luz para trocarla.

Nació el odio, el rencor, la envidia, la infamia...
Envilecidos por la codicia y la vanidad
creamos herramientas para robar y matar.

 18

Inti, dios del sol;
Agni, dios del fuego;
Chaac, dios de la lluvia;
Venus, diosa de la fertilidad;
Zeus y Pacha Mama
actuaban en un escenario en conflicto.

19

La guerra divina nos impone nuevas reglas,
desobedecerlas representa recibir la brutal supresión.
Son las penas del nuevo orden,
es la orden del nuevo génesis.

No hay espacio para la bondad,
ni la piedad ni el amor;
sólo el coraje, sin remedio:
destruir o ser destruidos,
absorber o ser absorbidos,
esclavizar o ser esclavos.

20

Los hombres se apoderan de la iniciativa;
 las mujeres se van quedando,
quedando
y quedando.
Ellas se adaptan al papel
que la metamorfosis, tras los muros, impone;
para crear el poder social que la selección determina.

Son ahora seres dependientes,
para ser defendidas,
sin opinión,
de un incomprendido designio
por lo que deben tolerar  gritos,  golpes,
soportar  incertidumbre,  obediencia;
vender su cuerpo y fingir que les gusta.
Cupido flechando hormonas.
  
21

El Clero se atraganta,
lo cotidiano un milagro reclama;
el viento celestial en concubinato
con los dueños de la tierra
engendran a los sabios,
a los pesqueros,
alfareros, herreros,
a los carpinteros.
Procrean la disciplina
que impone pautas.

El incendio de la violencia produce las fortunas,
construyen cautivadoras ciudades.
La luz de la barbarie induce el desarrollo,
calidad que se acumula en poder y gloria;
andar a cuestas con la riqueza floreciente,
amontonar las piedras que la defiende.
  
22

La fuerza del diapasón vibrante
da a luz la realidad eterna que canta muda
en el silencio de la roca, de la arcilla, del papiro.

Congratulamos
los ingeniosos trazos de la palabra
que nos permite entrar en todos los lugares;
acceder en todos los momentos,
sin estrecharnos las manos, los acontecimientos.

23

La penumbra que se proyecta,
con regularidad se mueve;
intuíamos el momento:
¿Y si el cuerpo es fijo?
Preñamos el tiempo,
llenamos de arena el reloj;
paríamos horas y días sin cesar.
El mandato de Lunas Llenas da paso
a la longitud de la sombra.
  
24

Construir  torres de Babel
para llegar a los creadores.
¿Cómo?... Fácil,
plataformas de rocas sobre montadas
nos dan la más sorprendente altura.
Transitamos escaleras
que desde las entrañas de la tierra
nos señalan la luz difusa de las estrellas,
para ascender a la inmortalidad.

25

Villorrios que fluyen al firmamento.
Asentamientos que producen vicios,
nutridos por encadenadas manos;
Fortalezas que permiten el ocio,
atendidas por seres objeto.
Ocio que dibujan los mapas de la sabiduría,
sostenida por humanos sin identidad.
Sabiduría que nos tiene luchando
por la igualdad. Desenfrenos
que a las fortalezas
destruyen.
  
26

Lo imposible no es posible, el cielo trae miseria.
Los dioses cabalgan sobre arados de hierro
multiplicando los panes, solo para ungidos.

Cunde en sollozo la historia para unos
y en alegrías para otros;
los esclavos vejados, sin bendición,
se negaron a procrear;
siendo mercancías,
se negaron a producir;
sin saber si son animales,
se negaron a vivir.
¡Se negaron a ser rastrillos!

27

De la agricultura esclava a la servil
tan sólo varios milenios las separan;
tiempo artificial
donde la necesidad de poseer,
 gratis faenas,
los fenómenos determina.
  
28

La oficialidad religiosa,
liberada y apoyada por los sabios,
desata feroces combates por la hegemonía celestial.
El Estado Mayor de la revolución informa,
parte militar:
Un solo cuerpo es ungido
para reinar en el espíritu.

Ahora somos hermanos en la fe,
todos somos hijos del mismo Padre;
no hay otros dioses que perdonen pecados
ni razones para odiarnos.
Un Juez Supremo dictando normas.

Las legiones del imperio
diseminan la nueva semilla.

De orgías, deleite de animales,
nace el amor, goce de humanos.
¡Cupido flechando almas!

29

Los datos encuentran otras rutas
para penetrar el entendimiento:
La cadena de normas
que transfieren la experiencia
se entrelazan
con la cadena de normas
que los maestros enseñan.

30

Dueños de las herramientas,
los siervos son ahora el músculo inocente
que la carreta empujan.

Inocentes de la opulencia que cargan.
Crédulos en la manipulación de su inconsciencia.
Ingenuos del poder que habita en sus manos.
Libertad de movimiento
hasta los límites del señorío.
  
31

Disueltos  lazos imperiales,
los quejidos  ahogados en sudor
permiten que el dolor de sus hombros
transformen sabios en eruditos;
para seguir el camino del destino,
que la imaginación no se detenga
en busca del firmamento.

32

El Karma del tiempo
converge en las faldas de los Alpes
para dar el decisivo impulso
del grito de los dioses
al humanismo reencarnado.

Aprendimos el arte del canto
de la profundidad del equilibrio
de los colores matizados.

De nuevo preñamos el tiempo
le pusimos cuerda al reloj,
nacieron los segundos.

El método del discurso nos enseñó
el balance perfecto que sólo es posible
cuando la acción de retroceso
escudriña la raíz perpetua.
Aprendimos a buscar,
perdidos en el inmenso mar:
-Viaja en la misma dirección
y encontrarás un lugar,
no importa cual, pero puerto en fin;
donde  reparan  velas...-
¿Los objetos solo caen, por qué no suben?
La ciencia se potencia,
de Pensadores  nos graduamos.

33

Derrotadas las divinidades,
se concentran los poderes
del cielo y el infierno,
ciencia y superstición,
que a los galeones mueven.

Los vientos, reencarnados en sonidos,
cruzan océanos, destruyen,  imponen,
diseminan designios, nivelan épocas;
obligan a todos los seres a buscar los mismos tesoros.

34

Los tributos son la fuerza que el caminar impulsan.
Mil trescientas primaveras recorrimos
sembrando feudos, pasivos, sin grilletes,
trocando mercancías; aceptando, humillados,
el Derecho de Pernada.

35

Atrapados entre linderos,
los siervos se negaron a ser músculo;
pero no se ahorcaron,
exigieron las tierras labradas;
no dejaron de producir,
demandaron vender sus cosechas.
Dirigidos por los dueños del vapor,
saltaron a pelear, creando las naciones;
Teñida de rojo, nace Magna Carta
para garantizar derechos.

Lo imposible sigue siendo imposible,
aun en las cruentas batallas.

 36

La ganancia
es la máscara
que la época impone
al Dios de la verdad;
determina el desarrollo,
inevitable fuerza que permite
la espectacularidad de los sueños.

Convertimos las fortificaciones en museos;
en tuercas, ejes, en bujías, los surcos se transforman.
Mutamos en concreto, en gasolina, en ondas, en electrones
que transitan raudos, para que el sueño milenario se haga realidad.

37

Ya no es el sudor de inocentes;
además, es la sangre,  saliva,
ojos y oídos,  nariz y  manos,
del que está y del que no,
los que encienden la hoguera
donde los eruditos se calcinan
reencarnando en científicos,
técnicos, en especialistas
por la causa de buscar
los enigmas de la creación.

38

El suelo es asiento del que avanza;
el cielo es plataforma del que sueñan
y construimos alas para volar.

Doscientos inviernos bastaron para alcanzar el espacio.
Doscientos veranos tan solo para depredar los tiempos;
volvimos a preñarlo, le pusimos baterías al reloj.
Con la Relatividad, la velocidad de marcha se acelera.

Se devela la posibilidad de lo imposible.
Se abre inmenso el firmamento para tocarlo, pensarlo,
para vivirlo.
Se cierran las puertas del porvenir:
Quemamos bosques, agotamos especies,
nos sorbemos la tierra.
Otrora incalificable... Claudica el alma.
  
39

Sobres timbrados
 circulan por millones
llevando sentimientos cruzados
de casa en casa, recortando distancias.
Guarichas que “ensolecen” calles y hogares.
Caminamos en veloces ruedas atravesando sonidos.
Vida de reyes tocan al instante los cuerpos, los sentidos;
mutilan, a unos y otros, las razones, las costumbres, los quereres.
Irrumpimos por la puerta del saber vedada por los siglos, trastornados.

En la profundidad de la herencia persisten, disfrazados,
los resabios violentos de la barbarie. Las divinidades
no aceptan su derrota; el espíritu alucinado
por la ganancia, débil, una y otra vez,
es acometido por sorpresa
con el puñal traicionero.

Los antifaces adquieren forma, fondo, dimensión,
densa niebla que obnubila el horizonte.

40

La nueva diosa maquillada
decreta la venta de  tradiciones:
se negocian cultura, dignidad,  moral,
se subastan costumbres,
se licita el futuro...
Vendemos la especie.

Enajena a los que la poseen,
destruye los valores de los que la desean,
asesina la esperanza de sus feligreses.
  
41

En la pirámide de la vida, en su base,
 muchos y distintos caminos
 para ascender;
que se reducen en cada escalón.
La metamorfosis de la envidia, del egoísmo,
la metamorfosis que envilece, actúa en cada peldaño;
uniforma los vestidos, las palabras, las comidas,
concertando criterios, equiparando costumbres.
Los que logran llegar a la cima
se transforman en serpientes.

El antídoto para este nefasto cambio
es la divinidad del trabajo;
que convierte a los que su resguardo usan
en águilas, en viento, en luz,
en sueños.

 42

Sin límites inventamos aparatos,
uno tras otro cambian
la geografía de la conducta.

Ondas que se esparcen en el éter
sin control, sin orientación,
que sirviendo no sirven.
¡Impregnan de embustes el aire!

Libertad mutante,
en su nombre los homos
construyeron un orden creciente
y los sapiens disuelven las reglas
en soluciones de libertinaje.

Corto circuito que desvía el cauce de la corriente;
interrumpe el único camino,
instintivo,
intuitivo,
educativo,
que creció con el hombre.

43

Ha pasado a mejor vida, exhausta,
después de una estancia agónica
en cuidados intensivos,
la obligación de las palabras,
de las promesas.
¡El compromiso del deber!

La diosa Invidia
ha signado al mundo
aniquilando lo invaluable.

Sus deudos,
dispersos en cinco continentes,
ruegan no enviar flores.
Sus restos serán sepultados en este siglo.

 44

Escuchamos el tronar de la incoherencia:
-Los niños sólo deben estudiar y recrearse.-

Y la media mentira compramos.

-¡Oh, sí señores!
Sólo deben comer y correr.
¡Oh, sí señores!
Y dejar que sea la casualidad que los forme.
En fin, nada de lo que hagamos
cambiará su destino.-

-Mira a Fulanito, a Menganito,
es por gusto.
¡Ellos serán lo que quieran ser!-
Siendo así, busquemos nuevos amantes,
busquemos nuevos placeres; apresúrate,
que los gusanos angustian  nuestra piel.

¿Será la casualidad
 donde aprendimos a gozar
el oficio que desempeñamos?

-¡Oh, sí señores!
Así fue por todos los tiempos,
se lo puedo asegurar, no lo dude.-

Y la incoherencia convence.

Un pase de bolas, es el asunto:
divertirlos para que diviertan,
preocuparse para que se preocupen,
educarlos para que eduquen,
trabajarlos para que trabajen.
Recibiremos a cambio
las más intensas alegrías.

Y cuando la pelota cae al suelo
ya vemos lo que sucede:
-¡Oh, sí señores!
¿Por qué ha de ser distinto?
¡A mí nadie me enseñó,
yo aprendí solo!
¡Dejen que vivan su infancia!-

Y la incoherencia educando el futuro.


¡Oh, no señor!
¿Sabe usted quién es ese
que todo aprende y todo imita?
¿Está seguro que solo el estudio y la recreación
tienen que ver con la constancia, la disciplina,
en el arte del quehacer?

Y la otra cara de la moneda:
Panfletos sin metáforas ni imágenes
de los que conducen su infancia en ayuno,
abstenidos de hablar y de pensar;
exhaustos del esfuerzo
que gravita en sus hombros.

45

La divinidad de la ocupación, del esfuerzo, de la tenacidad,
baluarte de la solidaridad, de la dignidad, del amor,
esencia de la naturaleza, en su defensa decreta:
-Todo el que no me adore
y no realice un culto diario a mi linaje
perderá mis favores,
perderá su identidad,
su bondad, su alma;
lo convertiré en cucaracha
aplastada por los tiempos.-

46

-Se necesitan de las crisis para crecer.
Vamos, entre más atroz, más crecemos.-
Dicen los sacerdotes de la nueva iglesia.
Resultado del desarrollo:
Depositadas en cementerios
millones de esperanzas truncadas
y el futuro anclado.
Ésta es la profecía del nuevo culto.

Sin embargo,
lo tenemos todo y no tenemos nada.
Y teniéndolo todo
seguimos siendo esclavos y siervos,
manipulados, usados, vejados.

La ingenuidad pasiva
del sudor que mueve carretas,
da paso a la conciencia activa
de quienes, con la espalda atornillada
frente a los  monitores,
ven pasar el tiempo,
ven pasar el espacio,
sin tocarlo, sin medirlo,
solo soñarlo,
torturados.

47

Aprendimos símbolos
para identificar palabras, números, música;
puntos de fuga, luces y sombras,
para representar imágenes;
la profundidad del pensamiento
en perspectiva.

Aprendemos a pensar en movimiento
para permitir la reencarnación del Paraíso,
desafiar el funeral de la tierra,
que impida la acción de lo imposible
que la diosa decreta.
Para que el mundo entero seamos todos;
ésta es la razón que permite
que estemos donde estamos.


III.- METAMORFOSIS

1

En busca de la acción creadora del Edén perdido
el aire fresco que orienta caminos de respuestas,
nace en Oriente.
Entre Nilo y Éufrates se traslada en vientos.
En la tierra de Sócrates y Séneca son ya torbellinos.
Los desiertos de la Media Luna los toma por sorpresa.
En Europa reencarnan sonidos;
para, finalmente, esparcirse por el mundo,
mutando en luz.

Pero nunca fueron tan sublimes,
como en la tierra de sedas y cometas.

2

Fases de orden,
interfaces de desorden.
Así aprendimos a gatear,
a caminar,
a correr.
Y entre el orden y el desorden
aprendimos a volar.

3

Nuestros primeros pasos
fueron tiempos apacibles,
comunidades gentilicias
ambulando en desorden.
La vida sucedía en equilibrio
donde perduraría  el más fuerte.

Deviene un eclipse milenario,
descubrimos el poder de las riquezas,
la oscuridad desata los conflictos,
donde sobreviven los grupos más fuertes.
Nuestras madres aceptan su papel, abnegadas,
y las circunstancias las despojan de su identidad;
transitaron el tiempo con los ojos vendados.
  
Ellas eran y son retaguardia.

La luz, decidida, se abre paso,
la fortaleza  no es requisito,
se impone el nuevo orden:
El más capacitado dominará.
En los menesteres de la fuerza,
ellas no son iguales;
en los menesteres de la inteligencia
si somos iguales.
¡Aleluya!

Y son esencia en conflicto.

La impronta luminosidad las ciega,
las confunde, les trastoca papeles,
momentáneamente.

Y son y serán esencia en equilibrio.

4

La materia no se crea,
se amalgama para moldear al hombre;
no se destruye,
entre guerras y concilios acercarse al fuego divino;
solo se transforma,
entre dioses y demonios acabamos siendo los mismos.

Nos acercamos al Sueño Milenario,
al Firmamento, al Edén Perdido,
cerca estamos de la Paradoja Elemental:
Porque sea resuelta
o porque nos destruyamos,
el resultado será el mismo,
alcanzaremos el equilibrio sin tiempo
y marcharemos, de una u otra forma,
al Paraíso.
  
5

Para activar el volcán que haga temblar
el corazón traicionado con la palabra;
para sepultar la indolencia y despertar la esperanza,
hace falta gozar el agua que brota del fragor diario;
mirar la sonrisa triste de los desamparados
y armar el alma.

6

Suenan las trompetas de avanzada
de los que no ven el inminente desastre;
de los que silencian la voz de justicia;
de los que no construyen el equilibrio de los tiempos;
de los que no recorren las veredas del intelecto;
de los que no perciben el zumbido de los cambios que se agitan.

Suenan los tambores de guerra
de los que no escuchan
el unísono grito de  razas
y  pueblos que, unidos,
el equilibrio buscan.

Y el conteo de los megatones que nos circundan.

Se fumigan espermas,
se liquidan dirigentes,
se cavan fosas comunes;
aspiradoras que se posesionan
del ciberespacio,
para globalizar la miseria.
Torres que caen,
represalias que suben.
Invidia  impone sus maleficios.

7

Narcóticos envueltos en píxeles
penetran la retina,
audaz visión fantasmal,
inhiben la tenacidad;
el abandono hipnótico
resquebraja los sentidos.

Los nuevos corsarios y piratas
navegan sobre tarjetas de plásticos.
Blanden espadas de neón;
con ojos de silicio, cabalgan
en los bolsillos desahuciados.

Las ganancias,
palanca que definió el vuelo,
en carroña mutan;
corroe la cima de la pirámide,
putrefacta, descompone sus cimientos.

Metalizada la conducta:
-¡Oh, sí señores, si ellos roban
por qué no hacerlo yo!-
¿Y la incoherencia?
¡Fundiendo el futuro!

Derechos de autor
con parches de piratas.
Las leyes se atropellan,
las sangrantes heridas
manan humillantes palabras,
colofón de infames injurias.

-¡Si defiendes tus principios
se acaba el mundo!-
Y la indignación “megatónica” efervescente:
-¡No importa!
¡Qué explote!
¡No importa!
¡Qué reviente! ¡Qué reviente!-

8

Que la causalidad espiritual nos ilumine
porque cerca estamos
de la posibilidad de lo imposible.

Éste es un grito de espanto
por lo que pudiéramos ser
y a lo mejor no podamos.

9

Colores que bailan al compás de acordes
en ocasiones estridentes, en ocasiones armónicos.
Hermosa sinfonía de negros, blancos, amarillos,
en donde la bravura, el ímpetu,
se mezclan con la sapiencia y la ternura.
Ningún movimiento es antes, ninguno después,
llegan preciso a la orden coreográfica de la melodía.

Son una alegre danza por la vida
en busca del firmamento,
del tiempo causal,
donde la necesidad de ser
determinará los tiempos.
  
10

Somos duplicado  de los siglos,
copia original de las circunstancias;
damos un pequeño giro
y levemente distintos,
compartidos profundamente.

En el instante supremo de la singularidad,
nos deviene la tarde;
antes que aparezca la noche,
otorgamos la mañana
para que otros despierten en el amor
a la intensidad de los cambios
y a la levedad del tiempo.

Que estalle en nuestro pecho
el proyectil que liquide a diario
lo que somos,
para ser reencarnados,
cada luna,
en un nuevo sol.
  
Tanto más lejos en el porvenir planeamos,
cuanto más lejos en el pasado
hay que escarbar.

Nada de lo que somos
es mejor por otro camino.





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